Diario del nacional cadete. Parte 3.
Parte 3.
La noche nos cogió de sorpresa y a algunos integrantes del séquito nos cogió graciosillos. Ya que un sujeto del grupo salió del compartimento n ropa interior y se dedicó a vagar cual cutre fantasma por el pasillo del vagón.
El sueño lo conciliaron con rapidez así que pasamos una noche placentera, salvo el jefe de la expedición y el que subscribe ya que su cama medía alrededor de 1.78 y él mide 1.81, así que ya os podéis imaginar como pasó la noche.
Llegamos a Lugo a las 7 de la mañana y nos dispusimos a coger un taxi. Mientras esperábamos dicho medio de transporte un padre que también iba al campeonato nos habló algo sobre su hija, pero nosotros pasamos del tema, aunque no sabíamos que este padre nos lo encontraríamos a la vuelta también en la estación, con un desenlace bastante peculiar.
Al fin vino el taxi, pero cuando ya nos estábamos motando vino una mujer y l dijo al taxista que ella estaba antes, así que nos bajamos y el taxi se alejó, no sin antes un recuerdo por nuestra parte en forma de gapo con las credenciales de Arturo.
Estuvimos buscando el hotel Buenos Aires unos 20 minutos. Al fin lo encontramos, pero hubiese sido mejor no haberlo hecho, ya que eso no era un hotel, más bien era una vieja casa en ruinas, donde todo, si, digo todo estaba roto o corría el riesgo de romperse. Por poner un ejemplo, las puertas no se cerraban por dentro, con lo cual tenías que dormir con la puerta abierta. Nuestra habitación daba a un patio n donde se encontraban la lavadora y la secadora, con el consiguiente ruido que ello conllevaba.
Estuvimos en el hotel una hora aproximadamente. Después nos fuimos a desayunar y posteriormente cogimos un taxi que nos llevó a la pista de atletismo de "Las Aspedreiras".
Allí nos encontramos con los del club de Virgen del Castillo, que muy amablemente nos confirmó el día anterior. Después fuimos a confirmar los dorsales de Iago y Arturo, pero mira por donde nos dijeron que las semis del 100 se suspendieron. Una carrera menos para Iago. De paso también los enanos se agenciaron de unas cuatro o cinco botellas de PowerRade, para subsistir toda la tarde.
Así, que nos quedamos allí toda la mañana viendo la competición, salvo Iago y yo que fuimos a rodar un rato.
Alrededor de las 2 nos fuimos a comer a un restaurante, que la verdad era bastante bueno. Allí, hicimos unas pequeñas bromas telefónicas y estuvimos hablando de nuestras cosas. Después nos fuimos a la chabola a dormir un rato y a continuación nos fuimos a la pista andando en vísperas de la competición.



